La economía global está determinando tanto en el ámbito local como en el internacional una creciente competitividad entre las empresas que exige no sólo mayor rapidez y flexibilidad de decisión, sino también la capacidad de interpretar las diferencias culturales para diseñar estrategias de mercado específicas y encarar de modo eficaz distintas realidades económicas.
Incluso las empresas pequeñas y medianas experimentan cada día la necesidad de extender sus actividades al extranjero para afrontar la progresiva globalización.
Los mercados de América Central y del Sur, del Caribe y e stas economías emergentes de Asia difieren en lo social y en lo político pero se encuentran entre los más interesantes del mundo por su ritmo de crecimiento económico.
Por su parte la Unión Europea constituye una oportunidad concreta que exige a las empresas extranjeras un modo diferente de actuar y de competir en los mercados. Los actores económicos internacionales pueden beneficiarse con la inclusión de clientes europeos y con la posibilidad de encontrar nuevos socios industriales y comerciales.